Blogroll

Labels

Follow us on FaceBook

More information

Follow us on G+

Popular Topics

Con la tecnología de Blogger.

Popular Posts

Popular Posts

Popular Posts

Popular Posts

Enviar mensaje

domingo, 3 de abril de 2016

Una salidera azul en el medio del container. Casi como un hueco o una escafandra; perfectamente silente, vulgar y corrediza. Diez tazas de café sin almendras, en una madrugada arbitraria como pocas, de esas que tienen el peso acuoso del deshielo. Y en tanto, un mordisco al aire.

Todo es parte de un mismo anzuelo o, tal vez, de un nuevo velo a rayas que impide ver mi sombra bajo mis pies y anuncia un inevitable olor a osamenta en mi cajuela. No queda ya nada por domar: la gonorrea se ha hecho sangre entre tanta golondrina, y hay repatriación de zarigüeyas. Si de mí dependiera, tomaría la primera estación angular para no lanzar una pirotecnia más. Pero los caleidoscopios… los caleidoscopios.


Hoy retuerzo mis ojos y me recuesto sobre un viejo serpentario, a esperar una estela protoazulada en una espera falsaria.

Imagen de encabezado: "Rostro paranoico", Salvador Dalí.
- abril 03, 2016
Moriremos al fin,
con la mandrágora;
esclavos de nuestros propios pecados,
de nuestros propios deseos,
sin sudores,
sin alicientes.
Serán los roedores, las polillas
quienes se alimenten de nuestros deshechos;
ese día podremos darnos por completos.
Pues bien, las parábolas se insectifican,
y no calmaremos nuestros clamores
más que en la tortura.
Y aquí está lo verdaderamente hermoso…
¿Para qué estirar la colmena?
¿Con qué objeto?
Callemos, pues, toda fortaleza,
toda firmeza,
allí donde los pies se alzan en vano.
Hagamos votos de cadáver,
congelémonos para siempre.
Y despertemos ayer que pudimos…
hoy ya es tarde…
Imagen de encabezado: "Caravana", Salvador Dalí.
- abril 03, 2016

sábado, 2 de abril de 2016

Las palabras no tienen absolutamente
ninguna posibilidad de expresar nada.
En cuanto empezamos a verter nuestros
pensamientos en palabras y frases
todo se va al traste1.

Al mar, al río o al lago, embalsamados en mí, algo que se adapta al modo de lectura actual. Los Bakuganes nunca se quedarán con todo. Imagina realidades, como la ciencia ficción: un curso en el Centro Cultural Ricardo Rojas. A este chico, por tutear y porque habla como un caso, hay que clavarle el anzuelo, dominarlo. La depredación obliga a los esforzados guías a mentir. Era más real que la realidad. Al leer, lo que se cuenta es más experimental, más complejo; el formato sobre la ciudad, sobre la nación, con los libros a los que también se sopla un texto. Pero el año sabático llegó a su fin y la segunda parte la considero más clásica. El misterio del mundo de acuerdo con el temperamento, los hechos y las responsabilidades de los actos. A los padres de hoy les dicen esas frases pensando qué va a ser de ellos. Es infalible. De circunstancias de las muertes, que son sociales, psicológicas en esa construcción de realidad. ¿Qué decir de Istrígala, con quien podía hacer todo lo que la indagación dio lugar? Acá el futuro no existía. Para indagar el rezo para que no vuelva a picar un bicho de ésos.

Apareció junto con la idea de literatura como realidad. Es experiencia sobre ese tipo de pueblos. Significó apartarse un poco. Las circunstancias lo requerían. Una vez más… Resulta un acontecimiento conmocionante, regresó a la Argentina desde Estados Unidos. Son nuestros hijos, lo mejor es respirar en el sentido en que lo son muchos policiales. Memoria. Aunque la actual escasez causada por la culpa de los crímenes y el caso policial se le viene, no se debe quejar si le pasa. Lo que me interesó fue indagar qué pasa cuando una muerte así no tiene experiencia para observar el lugar. Era ser un buen pescador, hay que tener esperanza. Cuelga en una de las paredes de mi casa el cadáver diario, con una fuerte presencia del yo y la exhibición.

–Empecé a pensar en una línea borgeana: que me movía entre dos tiempos. Las dos partes son bastante diferentes. Se pierde un pique: el de no haber estado a la altura. ¿Hay “buenas” y “malas” escrituras? ¿Cuándo decir que es medieval europeo? Una pregunta: ahí arriba, ¿tienden a leer literatura? No sé leer la sociedad o la historia en sí: lo que se ve no es realmente lo que sucede.

La habían contratado por su hermosura. Retomó el diario abandonado para dar forma desde abajo, casi desde el nivel del piso. Tener esperanza es saber esperar. En eso consiste la pesca. Insólito castillo en medio de la pampa. ¿Qué pasará? Entonces recordé la cantidad de casas con ambientes, pequeñas, en Alta Gracia, con alemanas y torres. Lo de Sciascia, por ejemplo, donde lo que interesa es el mejor mirar el mundo; pero hay que tener una pantalla. Buena ocasión para resolver los problemas del mundo.

Fue la aparición de mi yo lo que me permitió dar forma a cómo se toma la vida. Cada uno de los personajes se cruza a alguien que no es un investigador de uno de esos peces que se abalanzan, confiados en que es una potente lección de vida: no dejar pasar la oportunidad. Desde acá vemos la relación con Europa, que tiene distintas reacciones. No hay una ley o interpretación, se ha vuelto muy selectiva y casi creativa para sostener la esperanza del pescador de turno. ¿Cómo se llega a la verdad? Sólo se llega cuando hay una voluntad de no dejar pasar las cosas. Es una novela, una esponja y, cuando escribimos, la memoria, que se miente de profunda desazón, es como un ensayo de ahora (¿qué demonios será Omnitrix?): un hombre siniestro que se mimetiza con su hotel.

–Lástima que no vino ayer, nos cansamos y empezó a interesarse por las tempestades (expresión maligna de ese pez). Luego siguió desesperado por los adultos que se preocupan en esperar. Esperar hasta el extremo sumergido del corsé de la crítica literaria para leer el mundo. Está tan indefenso como parece. Y el carácter de nuestras criaturas no está muy atento al presente y a los cambios que ven una excusa para reflexionar sobre el sinsentido.

Liso está atento y entra por la puerta de la sala. Hay que cansarlo hasta que se rinda: puede entrar a la realidad, o a la construcción de la realidad, mientras se empina el vino o la cerveza. Cedía desde la biblioteca de Yale y se ven esas construcciones obsesionadas con el castillo. Antes tuvo otras formas: un día creó el clima asfixiante de Las Rosas. “¿En qué pensás?”. Me contestó: “no pienso; hay que salir. Cuando uno está sumergido en algo, hay edificios y estancias reciclados como hoteles”.

Alimentos. Cuentos, títeres, canciones. Mono. Hay una discusión sobre la actitud ante la vida y la cuentan a través de los que dicen y de sus actos. Ya es un absurdo novelístico, porque por mucho que avancen, a veces lo que se espera no es el pique. No hubo un modelo. Vecinos en términos culturales, esponjosos, también aceptan otro tipo de noticias, lecturas de libros, películas, conversaciones, de lujo y spas. Eso ya de por sí es raro, a la vez que curioso o decidido. Estamos en problemas. La realidad tiene muchísimas zonas y modos: muerte en situaciones límite (“¿este niño?”). A mí la crítica pura, sobre un texto o un autor, me aburre.

Especulación (Eterna Cadencia) tiene, por fin, forma de novelistas por temperamento. Tres días, con masajes orientales, caminatas y pérdida, que quizás no vuelva a presentarse. Nos lo advierte, de cierta intimidad; la hace muy atractiva. Es un gesto sugestivo, el juez se hace cargo. Saber en qué andan está bien, y para una descripción, aunque no tenga sentido per se, artículos en revistas.

Otro personaje con escenario propio es Shomberg. Serio y callado, tanto que le pregunté:

–¿Tú quieres jugar? ¿Te atreves a desafiarme?

(“¿Portorriqueño?") La segunda es de ignorancia. La reacción es de sorpresa (“¿dónde aprendió a devorar su presa de un bocado?”). Nos habituamos a esos establecimientos pero tiene que ver con que estamos sumergidos en discursos. “Territorios”. En 2005, con la jubilación y el regreso ante esos hiperconsumidores culturales, mi propósito fue dar el cuadro de cera, de preocupación.

Por el comedor, en el momento menos pensado, alguien de la ciudad llega a la novela. Era el elemento siniestro. No sabía qué hacer con eso. En un mundo que ha cambiado, la imaginé besándome ella misma de realidad. Y tengo otros trofeos en mi haber: así que los puse en el freezer y empecé a escribir. Lo primero fue un castillo. Necesitaba un hotel. Que en el hilo sea perceptible un roce sutil, desconfiado. El mismo pueblo es un personaje central. “La esperanza es el sueño del hombre despierto”. El proyecto nació en 2000.

¿Qué hay de nuevo en las letras?


_____________________________
Notas:
1) Duchamp, Marcel.
Imagen de encabezado: "Door", Joseba Elorza.
- abril 02, 2016

Me ocurre que voy perdiendo girones de mi vida recostado sobre el césped barroco del universo. Hay un peso inamovible e infranqueable que se tumba entre mis ojos y mis hombros; arrinconándome entre los pliegues de un oscuro altillo por dónde aparecés con tus gritos desencajados y esa insistente manera de forzarme a cargar con nudos marineros en la garganta. Los mensajes se van acumulando en una inmensa montaña de reproches que, a decir verdad, nunca he sabido responder. Es que a veces me pregunto si tu insidiosa maraña de fatalismos está destinada a ocuparme todos los espacios de la casa, dejándome apenas un rincón resquebrajado y asfixiante. Ya no sé cómo ocultar pedazos de memoria ante Cristina Yanzón, que en su afán de dejar libre toda asociación de recuerdos se va acercando al centro de mis obituarios. Y me esfuerzo hasta las náuseas para no soltar mis muertos que viven retorciéndome el cerebro por las tardes y las noches —sobre todo por las noches—, en un continuo baile de adoradores de Seth. Pero no podría librarme de parte de mi responsabilidad, en mis continuos ataques de indiferencia, que constituyen, en todo caso, una suerte de defensa que se va imponiendo sin siquiera darme cuenta. Es que a veces las cargas tienen un aire pestilente que se nutre de todas nuestras fantasmagorías y se ríen como cerdos, llevándose bolsones de energía como si se trataran de perfectos chupacabras. Pero entendé que nos es, ni nunca ha sido, mi intensión dejarte sazonar en leche hervida; es que no puedo soportar la angustia de saber que cualquier cosa que haga, por más nimia que esta sea, será susceptible de cortarse con una aguja de tejer. Es allí donde residen la mayoría de mis no-contestaciones y mis intenciones de cambiar de aire a la primera oportunidad. Es allí donde reside mi reticencia a tomar el colectivo y presentarme con mi bolso bordó y algunos libros para matar el tiempo entre un grito y otro.

Siempre tengo algunos buenos recuerdos de tus cabellos y de tus ojos, pero éstos son tan mínimos y ocultos que hace falta una manada entera de roedores escarbando la tierra para que afloren los terrones: durante años sólo he sentido plesiosauros saltándome como a una cama elástica. Sé muy bien que no has tenido grandes momentos de alegría y que yo no he sido capaz ni de entregarte un pedazo de papel con una firma autografiada y un sellito de papa que indique que he llegado a “ser”; sin embargo, no sé, hay algo que me retiene en este subsuelo apático, casi desvergonzado, sin un gramo de fuerza siquiera para levantar el dedo meñique en señal de elevación. Las desviaciones por la tangente ejercen un poderoso magnetismo en mí. No hay día que no encuentre el modo para escapar de lo que debería hacer o ser, escabulléndome como un condenado alucinógeno por las rendijas más inverosímiles que la vida puede otorgarnos. Es algo que me viene de golpe, sin aviso, entrando por la ventana, por la puerta, por el ojo de la cerradura, por cualquier hendija de la casa. Y es putrefacto. Mal vivir para agotarse en un espléndido carmín es como morir de frente a un taburete de hierro oxidado. Quizás sea una exageración, un ejercicio de actuación hereditaria, una costumbre pérfida que ha venido pegada a cada uno de mis glóbulos, los blancos y los rojos, pero me es difícil extirparlo. Nunca he tenido alma de oncólogo.

Hace calor; un calor que aún no llega a la insoportabilidad, pero sí es de esos que le impiden a uno quedarse quieto quién sabe por qué extrañas razones. Es aun invierno, sí, pero eso no le imposibilita a la temperatura elevarse más allá de sus limitaciones estacionales; ciertamente no existe una lógica única y lineal, y así como las amas de casa comienzan a acceder a puestos de relevancia en las estructuras de la sociedad civil, el calor comienza a hacer caso omiso de las estaciones. Creo que estoy solo; a menos que haya perdido la capacidad auditiva, el ogrito que habita a un costado de mis costados no se ha hecho presente hoy. No se escuchan sus pasos, ni el agua del termo cayendo sobre la yerba del mate, ni el sonido de ese juego de rol que jamás comprendí: una lucha a muerte entre ejércitos de criaturas épicas y verdaderamente extravagantes salidas de un libro de los años ’50. Su presencia, desde hace un largo tiempo me incomoda, sin llegar a molestarme. Y lo hace incluso cuando se mantiene encerrado. De tanto en tanto desconozco mis pasos, pero deduzco que me he movido: los paquetes de cigarrillo están ahí para decirlo. El diván se hace carne de pollo, se enrosca en mi cuello, se anuda a mis ojos, retuerce las guirnaldas y se mete a deshollinarme los entreactos. Recuerdo el paisaje de mi antigua niñez, entre mortales en la arena, quirófanos y médicos, entre aquel punzón que se mete en el muslo de ese jaropado podrido, papas con témpera alimentando a un niño sin rostro y la vulgar saeta romboide que solía colarse en las mañanas. Desde entonces no he sido más que un perdedor, un perfecto don nadie que se contentaba dibujando dinosaurios y reyes en los coliseos.

—En los durmientes hay siete estrellas sin ovillo.

—¿Y quién dijo que puedo dar saltos al vacío?

—Tu capacidad de disociación es tan amplia como una rodaja de queso parmesano.

A las 4 de la tarde los pájaros pían como si hubieran recuperado esa facultad hace apenas media hora. Pí. Pí. Pí. Pí. Pí. Pí. Pí. Pí. Pí. Pí. Pí. Pí. Retumban incesantemente en el hueco del edificio. Pí. Pí. Pí. Pí. Pí. Pí. Pí. Pí. Pí. Pí. Pí. Pí. Y yo, recostado sobre un colchón duro como roca, me esfumo las últimas bocanadas de nicotina que aún resisten. ¡Menudo apartheid el que me he impuesto! Se me arrugan las manos de tanto buscar corazas y cortaplumas, de tanto buscar la redención en gaseosas de litro y medio (“te encargo el envase”). Suenan, pues, campanas que jamás habían sonado con anterioridad, en un constante tintineo que se despanzurra sobre el sofá. Ese mismo sofá que hasta hace un tiempo atrás –poco, muy poco– supo cobijar algunas medias reses pudriéndose al sol.

De niño solía jugar sobre los tejados, saltando de casa en casa, con los puños en alto y sin mirar hacia abajo. Sobre mí, el circulo celeste que todo lo envuelve, y los ojos gigantes y enteramente abiertos de alguna amatista presdigitando los encerrones de los alabeos. De vez en cuando daba pequeños golpes de muérdago, para alcanzar ese estado semiautomático que los holandeses adoran y los ha hecho tan famosos. En otras ocasiones intentaba sufragar un aire de alquitrán o de escaparate para domar el hervor de las venas en plena riña de gallos. Siempre he querido volar, hacerme de plumas y arrojarme de lo alto de los edificios —jamás a campo traviesa— para recorrer la ciudad como un pequeño gorrión. Eran de esos sueños inocentes que se suelen tener entre helados de crema, malabares y torres de filamento. Hoy dudo que quepan en el hueco de mis pantalones. Pero si he de tener algún fraseo cercano a una estampida, sería de mi predilección que éste se amolde al verbo más estruendoso del vecindario. Sólo así podría redimir el pastizal que adeudo en la oficina de correos.

Y se me planta, a 12 islotes de distancia, una P. onca mesembrina de quince metros y medio. Me muestra los dientes y me mira desafiante, con los ojos inyectados de sangre, rojos, rojos, rojos. Se agazapa entre herbales y rocas macizas; no mueve un solo pelo. De golpe ruge con la potencia que sólo las turbinas de las centrales nucleares alcanzan. Se vuelve azul, violeta, se le erizan los pertrechos y da zancadas a velocidades de otro mundo. Se ahuyentan los carpinchos, se aplastan los uvales, se esconden los tlapololotes. No llega el terror, pero sí el fastidio, esas ganas irrefrenable de gritarle unas cuantas sinrazones y aplicarle un soterrado fermento de estiércol. Sin embargo, por esas reglas culturales que nos han dejado nuestros ancestros, se refrenan las guerreadas, dejando un sabor a mescalina en el paladar. ¿Quién entiende los falsetes estrambóticos que cuelgan de lo alto de la pirámide medioambiental? Seré yo un perfecto sanslamuʀ, pero encuentro en todo ello un signo de absoluta irracionalidad y estupidez. Pero el aire es gratis.

Hubo un tiempo en que llegué a tener lástima de los corredores de la bolsa, de la de Nueva York, Bombay o Buenos Aires. También he tenido lástima de las orquídeas, de las ranas disecadas, de los peatones que esperan en las esquinas (no hay nada más triste que detenerse ante un semáforo), de los ortodoncistas, de los caracoles amaestrados, de los guisantes sin baño de salsa, de —sobre todo— los personales de policía y fuerzas armadas. Todas las voy perdiendo y recuperando de a momentos. Pero la que aún conservo inamovible es la lástima por mi propia envergadura, que no tiene más estrellas que un clavel en una duna.

Estoy amordazado (¿qué no es trilce?) por un jalón de ramas secas, por la tempestad ecuatorial o por el devenir inconexo de mil forúnculos. Me vienen a buscar en las plazas circulares que se cruzan de avenidas y me observan con el ceño fruncido, como queriendo devorarme la sesera. El diván es un cohete a chorro y, especialmente, un empalamiento en pleno Perito Moreno. He alcanzado el límite de mi conocimiento cromático y juraría que los poliomielíticos pueden curar a los sacerdotes y a los jueces de las salas de primera, segunda y tercera instancia. Es sólo cuestión de introducirse hasta el fondo de las cajas y cajones, revisar todos los archivos y nadar en esas montañas de papeles amarillentos y hediondos. Nada como acurrucarse en nuestros propios laberintos. Hay hechiceros tan miserables que sus calderos sirven para hervir las nubes y la cosa no ha terminado.

Imagen de encabezado: "Floating Island", Andreas Rocha.
- abril 02, 2016

jueves, 3 de marzo de 2016

Diseño Editorial
"Lo que se te cante el culo" / Kraneo Negro
El proyecto
Diseño y diagramación del primer álbum de estudio de Kraneo Negro, banda fundada en la ciudad de Carlos Casares, provincia de Buenos Aires, que desde hace más de 15 años transita el circuito under argentino ofreciendo una fusión de punk, ska, rock y reggae.
El proyecto implicó el tratamiendo del arte de tapa, cotratapa, bajobandeja y disco, la creación de una textura (basada en el arte de tapa) que diera coherencia cromática al diseño general, el retoque de más de 50 fotografías de muy baja resolución para dotarlas de una calidad aceptable para impresión, la reconstrucción de los identificadores gráficos de las organizaciones que participaron en la producción del disco, además de la integración del material textual (letras de cada canción, títulos e información técnica).
- marzo 03, 2016

martes, 1 de marzo de 2016

Elemento
Unificador
Isotipo
Versiones
principales
(fondos oscuros)
Imagotipo Formal
Imagotipo General
Variante logotípica
Versiones
secundarias
(fondos claros)
Imagotipo Formal
Imagotipo General
Variante logotípica
Colores
institucionales
R: 85 - G: 176 - B: 224
C: 69 - M: 10 - Y: 2 - K: 1
R: 7 - G: 109 - B: 149
C: 90 - M: 32 - Y: 16 - K: 22
R: 255 - G: 255 - B: 255
C: 0 - M: 0 - Y: 0 - K: 0
R: 17 - G: 19 - B: 33
C: 66 - M: 51 - Y: 0 - K: 86
R: 12 - G: 12 - B: 11
C: 0 - M: 0 - Y: 0 - K: 95/100
R: 236 - G: 235 - B: 235
C: 0 - M: 0 - Y: 0 - K: 25
R: 255 - G: 255 - B: 255
C: 0 - M: 0 - Y: 0 - K: 0
Tipografías del
identificador
Otras
versiones
Identidad Visual
Identificadores gráficos Federación de Cooperativas de Trabajo Manuel Belgrano Ltda.
La organización
La Federación de Cooperativas de Trabajo Manuel Belgrano Limitada es una organización económico-productiva de alcance nacional que agrupa a cooperativas de diversas ramas de la producción. Centrada en la elaboración industrial, se plantea como eje vertebrador para el desarrollo de nuevas formas de organización, producción e intercambio de cara al conjunto de la economía, con el objetivo de hacer de la autogestión un modelo económica y socialmente viable incluso en las limitaciones y trabas que impone el capitalismo, aún entendiendo que su desarrollo pleno no podrá alcanzarse sino a condición de un profundo quiebre con la estructura social, política, económica y productiva de tal sistema.
El proyecto
Si bien la entidad viene funcionando desde finales de 2006, no ha contado con signo identificador propio sino hasta 2014, cuando me fue encargada su construcción. Para ello he tenido en cuenta los ámbitos de actuación de la organización, los cuales pueden sintesizarse en dos: los institucionales y los político-sociales. Esto adquiere un carácter fundamental, pues ameritaba la construcción de una marca lo suficientemente flexible para desenvolverse en esos escenarios sin perder coherencia y homogeneidad, pero manteniendo cierta independencia y distinción entre uno y otro. Es cierto que la propia organización no separa ambos universos, sino que los hace parte indisociable de una misma estrategia, sin embargo, en la práctica y contemplando los marcos relacionales de cada ámbito, pueden encontrarse características diferenciadoras que les son propias.
Con eso en mente, decidí crear un elemento icónico (el isotipo) que, junto a los colores institucionales y las formas tipográficas, actuara de elemento unificador. De tal manera desarrollé un imagotipo con dos variantes logotípicas, a los que, a efectos de mera distinción, denominé Imagotipo Formal e Imagotipo General.
El primero de ellos, que cuenta con una variante logotípica que identifica claramente la razón social de la organización, ha sido creado para actuar en ámbitos institucionales, en los que es necesario atender unos criterios mínimos de formalidad. En tanto, el segundo fue desarrollado especialmente para ámbitos y públicos que exceden lo institucional (comprendidos entre ellos los políticos), dotándolo de una denominación amigable, fácil de pronunciar y, por ende, recordable y reconocible. Para ello he optado por referenciarme en el uso y la costumbre, siendo que en algunos círculos —fundamentalmente en los vinculados a lo político sectorial— la Federación ha pasado a ser reconocida como “La Belgrano” o “La Manuel Belgrano”, escogiendo esta última debido a que se acerca a la denominación oficial de la organización y a que su aspecto gráfico y morfológico se adapta mucho mejor a la composición general del imagotipo.
Finalmente, también he creado unas variantes de uso ocacional que dan cuenta de la afiliación a la Confederación Nacional de Cooperativas de Trabajo, organización que agrupa a federaciones de cooperativas de todo el territorio argentino.
- marzo 01, 2016
Para dibujar esta página, opté por utilizar una constricción lírica. Es decir, en este caso, la historia tenía que contarse prescindiendo de diálogos, utilizando únicamente dibujos y onomatopeyas. El resultado no me satisfizo en lo más mínimo (incluso entra en el podio de lo peor que he hecho) y estuvo a punto de no ser publicado.

La génesis de la historieta se remonta a septiembre de 2010, más precisamente el 16. Después de la marcha en conmemoración de aniversario 34 de la Noche de los Lápices, sentados en una plaza junto a otros compañeros, la querida compañera Noelia Victoria Arrache me preguntó, hablando de todo un poco, si alguna vez había hecho una historieta donde hubiera un conejo. Pensé un rato y, cosa extraña —siendo que el conejo es mi animal favorito—, tuve que responder que no. De modo que me comprometí a realizar una, acordando que el conejo se llamaría Vicente (en honor a su mascota, que, precisamente, era un conejo).
Ahora bien, días después de dibujar esto, descubrí que que sí, que anteriormente había hecho una historieta con conejos, pero lo había olvidado; seguramente porque apenas si había dibujado los lápices de aquélla.
- marzo 01, 2016